Nueva clave GPG

Acabo de crear una nueva clave GPG. La antigua era del año 1999 y usaba DSA (1024 bits) en lugar de RSA, por asuntos de patentes de RSA. El problema es que DSA sólo podía usar RipemD160 ó SHA-1 para las firmas digitales, que 10 años después empiezan a ser vulnerables (no a día de hoy, pero empieza a haber algunos ataques que muestran ciertas debilidades).

Así que he creado una nueva clave RSA de 4096 bits y usar SHA-512 para las firmas digitales. He firmado la nueva clave con la antigua (para facilitar la transición) y la he subido a los servidores de claves públicas PGP (concretamente al de Rediris, pero debería replicarse por el resto en pocas horas).

He colgado una página con todos los detalles de la antigua y la nueva clave para facilitar la transición a quienes tengan interés, y la he firmado digitalmente con la clave antigua y la nueva para que se pueda verificar su autenticidad.

En unos pocos meses emitiré un certificado de revocación de la clave antigua por lo que dejará de ser operativa. Así que si tienes interés en mantener conversaciones privadas conmigo, será mejor que empieces a usar la nueva clave cuanto antes :-). Y si además la firmas digitalmente para aumentar mi red de confianza, te lo agradecería enormemente.

Saludos.

Carta personal al Parlamento Europeo

A raiz de la votación de las propuestas del paquete de telecomunicaciones en el Parlamento Europeo, se ha puesto en marcha una campaña de envío de cartas a nuestros representantes para intentar detener este desatino. A la carta abierta acompaña una carta personalizada que cada uno de nosotros rellenamos. A continuación voy a incluir la que ha redactado mi buen amigo Javier Cantero, que inmediatamente he hecho mía. Está redactada probablemente en unos términos muy duros. En sus propias palabras “No lo haría, si no me sintiera tan realmente hastiado de la situación. Pero hasta aquí hemos llegado”. Pues eso, que hasta aquí hemos llegado.

Estimado/a señor(a):

No le voy a aburrir con tediosos detalles acerca de la gravedad de aprobarse el paquete de telecomunicaciones puesto a votación el día 6 de mayo. Cientos de miles de conciudadanos de toda Europa ya ha puesto sobre aviso a sus respectivos representantes. Y me consta que usted ha sido también sobradamente advertido sobre las funestas consecuencias que la puesta en marcha del mismo acarrearía.

La razón de enviar esta misiva no es por tanto abundar en lo dicho, sino para destacar otro grave efecto colateral que puede derivarse de su actuación el día 6 de mayo: el contínuo deterioro de la confianza en las instituciones democráticas, y en concreto en las instituciones europeas que está (estamos) sufriendo una parte (cada vez mayor) de la ciudadanía, puede llegar a su punto culminante.

Asistimos atónitos a un bochornoso espectáculo en el cual nuestros representantes, elegidos para defender nuestros derechos, no sólo no cumplen con su cometido sino que permiten conscientemente que grupos de presión impongan sus criterios propios frente al interés general. El hecho de que personas normales y corrientes tengan que tomar iniciativas como ésta no hace más que remarcar lo kafkiano de una situación en la que los ciudadanos, sintiéndose totalmente indefensos, se ven obligados una y otra vez a recordar a sus representantes qué es lo se espera de ellos.

La participación del ciudadano en la democracia es saludable. Que los ciudadanos nos veamos en la obligación de convertirnos en expertos legales como única manera de preservar nuestros derechos y libertades fundamentales no lo es. Indica que los representantes que elegimos (y que los elegimos por eso, para delegar en ellos este trabajo) no están cumpliendo su cometido. Y si los representantes no cumplen su cometido, o bien los representantes no están bien elegidos y no merecen nuestra confianza, o bien el sistema de representación está mal diseñado y por lo tanto hay que rehacerlo para evitar que los representantes no voten y actúen de forma diferente a como lo harían sus representados, y sobre todo, en contra de sus intereses, derechos, y libertades.

En cualquiera de los dos casos, voy a estar observándoles muy atentamente en la votación del próximo día 6. Y tomaré cumpida nota de lo que allí suceda, y juzgaré si el Parlamento Europeo está formado por personas que de verdad se preocupan de los europeos y por extensión de los valores democráticos sobre los que construimos nuestro modelo de sociedad, o no lo están. En sus manos está demostrármelo.

Pero si bien la votación del día 6 tiene una importancia capital a corto plazo, lo que realmente me preocupa es el largo plazo. No quiero que dentro de un mes tenga que volver a remitirles una carta de protesta en tan duros términos como la presente. Quiero unos representantes que de verdad sienta míos. Quiero unos representantes de los que enorgullecerme, y no sentirme abochornado, cuando no receloso. En definitiva, quiero unos representantes que me hagan sentir como si realmente yo estuviera allí defendiendo mis opiniones, delante del resto de los ciudadanos europeos.

Es tarea de ustedes que de una vez por todas se corte de raiz esta situación. Ustedes, y sólo ustedes tienen la capacidad de hacerlo. De dejar inequívocamente claro a todos los grupos de presión que no van a consentir ni la más mínima lesión a derechos fundamentales como la libertad de expresión, la privacidad en las comunicaciones o el derecho a una tutela judicial efectiva. Que ¡por favor!, son derechos que ha costado cientos de años, y un reguero interminable de sufrimiento y muertes conseguirlo. Deberían estar echando a puntapiés a toda esa caterva sólo por atreverse a insinuarlo, y sin embargo mire a la situación a la que hemos llegado.

Y si mi alegato anterior no ha servido aun para transmitirles mi seria preocupación, mi enorme enfado, y mi profundo hastío, me permito recordarle que, como César, usted también es un hombre o mujer, y que por lo tanto va a estar sujeto a las mismas leyes que ahora debe votar. Juzgue si de verdad quiere estar en tal situación.

Atentamente,