Nuestros problemas económicos: origen y solución.

La economía está atravesando momentos muy difíciles. Hasta ahora jamás nos habíamos preocupado por la prima de riesgo, no sabíamos ni qué era y nos bastaba con preocuparnos por el Euribor. Hace años cumplimos los criterios de convergencia para entrar en el euro, que eran una inflación controlada, un 3% de déficit público y un 60% de deuda Pública. En la coyuntura económica actual tenemos una cifra del 8,9% en déficit de 2011 y un 75% de deuda pública, que crece de manera acelerada, alejando al país de aquellos parámetros de convergencia que nos exigía Europa.

En nuestras microeconomías familiares, la prudencia económica nos aconseja reducir el gasto cuando nuestros gastos son altos y estamos endeudados. Sin embargo, la macroeconomía es más compleja que la microeconomía. El gobierno tiene que tomar un papel anticíclico con el fin de que la economía, las expectativas y el ánimo de las familias no se hunda. De esta manera se pudo salir de la depresión económica mundial posterior al crack del 29 y de la misma forma está tratando de salir de nuevo la economía mundial del colapso financiero que comenzó con la crisis bancaria originada por  las hipotecas subprime en Estados Unidos en 2007.

Los males que aquejan a la economía española tienen dos elementos principales. El primer componente es el crecimiento económico negativo que tiene como origen el cese de la actividad de construcción y el miedo al futuro de las economías domésticas en un escenario económico muy adverso. En este contexto el sector más afectado, la construcción, se caracteriza por ser un sector muy intensivo en mano de obra nacional y además arrastra consigo a muchos sectores de la industria nacional provocando en su caída un gran desempleo estructural, principalmente en la mano de obra no cualificada.

El segundo componente es el sobreendeudamiento. El nivel de deuda privada ha pasado de ser elevado en el momento de euforia constructora a ser excesivo en nuestra época de calamidad económica. Ambos elementos están presentes en los tristes testimonios que conocemos de familias en el paro que son deshauciadas por no poder pagar la hipoteca.

El miedo, el desempleo y el exceso de deuda privada provocan un comportamiento negativo en las magnitudes agregadas del consumo y la inversión, los cuales, se agravan aún más a causa del efecto multiplicador, puesto que el hundimiento de la actividad de construcción arrastra al resto de los sectores.

El papel anticíclico del gobierno trata de corregir este hundimiento mediante las transferencias a desempleados y manteniendo un nivel de servicio público a pesar de la caída en la recaudación. Sin embargo, los actuales niveles de déficit público son demasiado altos y disparan el nivel de deuda pública, que atraviesa el nivel del 75% a un paso tan apresurado que hace que el futuro nivel del 100% quede muy cercano en el tiempo.

En este escenario, los mercados financieros exigen una prima de riesgo a la deuda española. Esta retirada de confianza hace insostenible la ecuación de equilibrio financiero. El tipo de interés más el déficit público es mucho mayor que el crecimiento económico y el resultado de esta ecuación es una proyección de la deuda pública hacia la estratosfera y a gran velocidad.

Ahora se trata de calmar a los mercados tratando de que cuadre razonablemente la ecuación de equilibrio. Para ello es necesario reducir sustancialmente el déficit público. Sin embargo, este ajuste fiscal causaría un hundimiento aún mayor de la economía si no se compensa con otras medidas económicas. Con objeto de compensar un gran ajuste fiscal, hay que conseguir que otros agregados económicos compensen la caída y en este escenario cobra una importancia capital el papel de las exportaciones. Las exportaciones deberán ser más deseables fuera y para ello deberán ser mejores o de mejor precio y aquí es donde entra en juego la reducción de los costes salariales y las reformas estructurales y fiscales.

Se habla de la necesidad de una devaluación interna. Por una parte, hay que moderar los salarios dejando al margen las subidas automáticas referenciadas al IPC. Por otra parte, también es necesario moderar los altos beneficios que obtienen algunas empresas en situación de cuasimonopolio y hay que liberalizar algunos sectores productivos y eliminar algunas prácticas colusivas que limitan la competencia y permiten situaciones de privilegio.

Una forma de abaratar los costes de producción es reducir los impuestos a la producción y trasladarlos al consumo. En este sentido, es conveniente abaratar las cotizaciones sociales que representan un componente importante del coste salarial. Este descenso de recaudación se puede trasladar a los impuestos al consumo, como se ha hecho con la subida del IVA.

Todos estos ajustes y reformas estructurales van a suponer un gran esfuerzo por todas las capas de la población. Es necesario que se hagan con equidad y que desaparezcan las situaciones que pueden ser o parecer injustas. En este sentido, no sólo hay que perseguir una mayor eficiencia económica, sino también cuidar con celo los equilibrios de equidad social. Por consiguiente, hay que caminar hacia una mayor redistribución de la renta, gravar más a las rentas altas y perseguir el fraude fiscal.

Alvaro Ispizua, profesor de Economía del Campus de Bidasoa de Mondragon Unibertsitatea

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